<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139</id><updated>2011-08-05T12:12:34.915-07:00</updated><title type='text'>Sofía Magdalena</title><subtitle type='html'>Una novela digital, por entregas.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>8</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-7094866680932527189</id><published>2009-11-30T20:30:00.000-08:00</published><updated>2009-11-30T20:33:19.092-08:00</updated><title type='text'>Capítulo VII: Un fulgor en la penumbra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Alimenté a Marcela y traté de dormir. Pero no pude. Tenía muchas cosas en qué pensar: el interrogatorio, mis padrastros, Apolo. ¿Funcionaría todo?&lt;br /&gt;A las cinco de la mañana tenía a tres policías apunto de derribar la puerta de mi depa. No fueron amables conmigo. Yo tampoco lo fui con ellos. Me esposaron y me llevaron a la dependencia entre insultos, empujones y algunos manoseos que aborrecí. Sin embargo, traté de hacerle caso a Apolo y guardé silencio al llegar a la comisaría; aunque inmediatamente me di cuenta de que eso no me iba a servir de nada.&lt;br /&gt;El interrogatorio reveló mi gran error. Confié. Imaginé que Apolo quería ayudarme desinteresadamente. ¿Por qué mierda lo hice? ¿En qué cuento de hadas estabas creyendo, Sofía?&lt;br /&gt;Las cosas ocurrieron así: para comenzar, la denuncia fue idea de Apolo. Fue su coartada para conseguir su libertad. Luego, y gracias a su habilidad como detective, logró contactar a mis padrastros desde la cárcel y les habló de dinero. Les ofreció repartir la fortuna de la tía ramera si venían a apoyar su acusación. Y así ocurrió. De pronto, él estaba libre y yo empecé a ser investigada por la policía. Pero ahí no acabó todo. Apolo se adelantó a las averiguaciones. ¿Por qué nunca me pregunté cómo llegó a mi depa a entregarme la carta? Esa era la clave. Él seguía mis pasos, sabía qué hacía, sabía con quién andaba. Sabía de Henry. Sabía que él estaba desaparecido. Y sabía, también, que podía denunciarme como sospechosa de aquella desaparición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Apolo trabajando como monigote para periodistas? Cómo pude ser tan imbécil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Apolo partió de mi depa no echó el cadáver al río. No. Eso fue lo que quise creer yo. Él tenía todo planeado fríamente; desde los guantes que usó para no dejar rastro, hasta la maleta que se llevó plagada de mis huellas digitales. Apolo entregó el cuerpo de Henry a la policía y con ello consiguió las pruebas suficientes para que me arrestaran ya no por uno, sino por dos crímenes que juntos me aprisionarían quince años tras las rejas.&lt;br /&gt;El veredicto fue fácil. Maté a mi tiastra por dinero. Mis cuentas indicaban que tras la muerte de la tía ramera, me escapé y me convertí en una derrochadora de su fortuna. Había cuatro testigos que confirmaron la hipótesis: Apolo, mis padrastros y Javier (a quien Apolo contrató para mentir). Por otro lado, en un arranque de histerismo había matado a Henry. La casera dio cuenta de que éramos novios y que discutíamos mucho. Y para respaldar la acusación, la policía llevó muestras de las huellas en la maleta, en el cadáver y en la pala que usé para enterrar y desenterrar el cuerpo.&lt;br /&gt;Mi suerte siempre estuvo echada.&lt;br /&gt;Mis padrastros reclamaron el dinero que les correspondía por ley y luego regresaron al África. Apolo sacó su tajada y también se largó mientras yo era arrastrada a una prisión de seguridad media para criminales comunes, donde compartiría la celda con una mujer que había matado a sus vecinos porque eran muy ruidosos.&lt;br /&gt;Sin embargo, el destino dio un giro. A un mes del juicio, y mientras me acostumbraba a ser lo más silenciosa que podía para no ser asesinada por mi compañera de jaula (así le decíamos), un conocido abogado se interesó por mi expediente y me hizo una visita sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sabías quién era Apolo ¿Verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no contesté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vive acostándose con mujeres ricas, las mata y luego se queda con su dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco contesté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca se le ha podido probar nada. Es el eterno sospechoso: siete veces viudo, cuatro veces en la cárcel y ni un testigo que no declare a su favor. Es una sanguijuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces sonreí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sanguijuela. Así me llamaban a mí. ¿Me invitas un cigarrillo?&lt;br /&gt;-No admiten fumar aquí. Pero como todos me conocen y me temen, no dirán nada si lo hacemos juntos.&lt;br /&gt;-Está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pitamos un rato en silencio. El humo de nuestros cigarrillos distorsionó la tenue luz de la sala mientras dos policías nos vigilaban impasibles al costado de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Apelemos.&lt;br /&gt;-¿Para qué? A mí nadie me salva de ésta.&lt;br /&gt;-Apelemos.&lt;br /&gt;-Haz lo que quieras.&lt;br /&gt;-Siempre lo he hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, Mariano sonrió de medio lado, apagó su cigarrillo en el piso y se despidió sin mirarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que reconocer que Mariano fue hábil en el nuevo juicio. Si bien no consiguió liberarme, supo cubrir varios huecos que mi antiguo abogado había dejado en el aire.&lt;br /&gt;Mariano empezó mostrándose complaciente ante el juez. Me declaró culpable alabando la “prudencia” con la que había actuado la corte. Luego, comentó que hacía falta precisar algunas cosas: la primera, que el “crimen” contra la tía ramera se había cometido siendo yo apenas mayor de edad; la segunda, que el “asesinato” de Henry había ocurrido en un contexto violento. Para esto, Mariano expuso con gran lucidez que la muerte de Henry se había producido al caer él desde la ventana de mi departamento y que, dadas las condiciones físicas de “la víctima”, no era probable que yo lo haya empujado deliberadamente. Entonces, Mariano propuso sutilmente considerar lo sucedido como un acto de defensa propia. Fueron tan sólidos los argumentos de Mariano y tan emotiva su exposición, que el juez se apiadó y decidió recortar mi sentencia a sólo cinco años.&lt;br /&gt;Yo no sabía si alegrarme. Definitivamente, el mío era un juicio que estaba perdido desde que empezó. Por otro lado, Mariano, fiel a su ego, lo tomó como un triunfo e incluso se aplaudió a sí mismo tras el veredicto. Una mierda, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada personal, Sofía. Desde hace tiempo quiero meter preso a ese hijo de puta y me entretengo deshaciendo sus fechorías. Es un hobby –me dijo mientras recogía sus papeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos policías se acercaron a pedirme permiso para “escoltarme” a mi jaula. ¿Tenía que dárselo? Entonces, Mariano cerró su portafolio y caminó airoso hasta la puerta de la salida. Y esa fue la última vez que lo vi. Desapareció como todas las personas con las que alguna vez tuve contacto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Josué Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;11/2009&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-7094866680932527189?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/7094866680932527189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=7094866680932527189&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/7094866680932527189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/7094866680932527189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/11/capitulo-vii-un-fulgor-en-la-penumbra.html' title='Capítulo VII: Un fulgor en la penumbra'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-3135670415752225541</id><published>2009-11-23T16:39:00.000-08:00</published><updated>2009-11-23T16:49:32.804-08:00</updated><title type='text'>Capítulo VI: ¿Un ángel?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Apolo pasó casi una hora explicándome cómo mis padrastros habrían tramado todo. Al enterarse de la muerte de la tía ramera vinieron desde el África inventando calumnias. Estaban hambrientos de dinero y no podían creer que ni siquiera figuraran en el testamento. Así, declararon ante las autoridades que me habían abandonado porque era demasiado rebelde y porque temían que hiciera algo como matarlos (sí, dijeron “matarlos”, como si su vida diera para tanto). Hablaron con muchas personas, movieron muchas piezas, sembraron muchas dudas y finalmente consiguieron abrir una investigación. Yo era una sanguijuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fueron muy crueles, Sofía. ¿Puedes creer lo que hace el dinero? –concluyó Apolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le respondí que no me sorprendía. Nunca pensé que mis padrastros fueran buenas personas. En realidad, no creo que nadie sea una buena persona, y aunque tuviera que dar fe de alguien, mis padrastros serían los últimos en quienes pensaría. Siempre olí en ellos un hedor de conveniencia. Me rayaban sus intenciones de tener una niña educada para presentar ante la sociedad. Me ahuyentaba su esnobismo barato; la huachafería de sentirse superiores al resto de humanos que los hizo inventarse un asilo para el alma en un lugar perdido del África en donde podrían descansar de la corrupción del mundo. Pura mierda. Digo: ¿Hay gente pendeja en este mundo? En fin. Ellos habían desaparecido. Y fuera por los motivos que hayan sido, estaba bien. Yo estaba contenta, porque no hay cosa que más me incomode que rodearme de gente que se meta con mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Te mencioné que soy producto de la Inmaculada Concepción?&lt;br /&gt;-¿Y eso?&lt;br /&gt;-Me gusta creer que nací de la nada. &lt;br /&gt;-Lo siento, Sofía.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Por cómo te ha tratado la vida. Pero no te preocupes. Yo te sacaré de esta. Ya verás.&lt;br /&gt;-No digas más. Eres un ángel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apolo sonrió como si actuara en una película technicolor. Éramos Deanie y Bud. El Esplendor en la Hierba. Una dulce locura. Yo me senté sobre sus piernas y empecé a revolverle sus rizos con mis dedos. Aún estaba desnuda, tal como solía andar después de un baño con agua caliente. Mi momento de sensibilidad; mi piel ardiente, el mundo frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No te hace daño el aire acondicionado tan fuerte?&lt;br /&gt; -Nunca supe a qué te dedicabas. ¿Eres cantante o qué?&lt;br /&gt;-¡No, por Dios! Después de Paco Torino, ser cantante es una deshonra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos nos reímos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Calla y bésame, tonto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nos besamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me sorprende que después de todo esto estés tan calmada.&lt;br /&gt;-Es que no sé: me haces sentir segura, aunque todavía no tengo ni la más puta idea de lo que eres ni de qué vas a hacer para sacarme de este aprieto.&lt;br /&gt;-Bueno, solía ganarme la vida como detective privado.&lt;br /&gt;-¿De verdad? ¡Me parece algo de ciencia ficción…! –Me reí-. ¿Eres de esos que tienen una oficina en un segundo piso oscuro, con una secretaria malhumorada a la que llaman “preciosa”?&lt;br /&gt;-…y de los que guardan un revólver bajo la chaqueta.&lt;br /&gt;-¡No me digas!&lt;br /&gt;-No, en realidad no. Trabajaba desde mi casa y vivía haciendo encargos ocasionales para la prensa.&lt;br /&gt;-Eso no suena tan emocionante, Apolo.&lt;br /&gt;-Pues no.&lt;br /&gt;-¡Ja!, Igual creo que cantas bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto sentí que Apolo me había dado la confianza necesaria para animarme a romper con el conjunto vacío de mi existencia. Me permití soñar con alguien con quien compartir más que un simple momento. Y así, contradiciendo toda mi filosofía y mi historia personal, decidí revelar lo más íntimo que tenía de momento. Llevé a Apolo mi habitación y le mostré el cadáver de Henry. Me arriesgué.&lt;br /&gt;Cuando Apolo vio el bulto se sobresaltó. Yo me apuré: “Ayúdame, no sé qué pasó, pero no puedo seguir ocultándolo”. “Nunca dejas de sorprenderme, Sofía”. Lo abracé para no llorar, porque nunca he llorado en mi vida. Me sentí tan frágil en ese momento, tan ridículamente frágil…&lt;br /&gt;Apolo me miró a los ojos con ternura. Me dijo que no tuviera miedo. Y bastó sólo eso para narrarle todo el rollo de Henry, cosa que hice con una pena enorme, como disculpándome. Sin embargo, Apolo interrumpió mi historia con un “has sido una chica mala” que me hizo cambiar de ánimos y reír. Estaba en sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te preocupes, Sofía. En mi trabajo suelo encontrarme con estas sorpresas. Y así como sé hallarlas, sé ocultarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, Apolo se puso unos guantes, tomó el cuerpo de Henry y con sus fornidos brazos lo dobló en dos. El cadáver putrefacto crujió. Después lo ató firmemente para compactarlo y luego lo embutió en una maleta que encontró entre mi desorden. Me dijo que se lo llevaría consigo, que en la madrugada lo echaría al río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sofía. Quiero que dejes todo este asunto en mis manos. Tengo un testigo. Bueno, en realidad es alguien al que he contratado para mentir. Se trata de un médico que va a crear una ficha médica que probará que tu tía sufría del corazón u otra cosa que excuse su muerte. Con esa prueba, desacreditar a tus padrastros será fácil, ya que ellos nunca supieron nada de la salud de tu tía. Incluso, ni siquiera hará falta un juicio para que la policía compruebe que la acusación de tus padres es completamente interesada y deshonesta. Sus demandas serán declaradas infundadas. Todo estará bien.&lt;br /&gt;-¿Entonces, qué quieres que haga yo?&lt;br /&gt;-Simplemente nada. No hables. No digas nada. No te podrán obligar a hacerlo. Estarás en tu derecho.&lt;br /&gt;-Será fácil. No hablar con la gente es lo mejor que sé hacer –bromeé.&lt;br /&gt;-Sofía, esto es serio. Simplemente deja que yo hablé por ti ¿Bien?&lt;br /&gt;-¿Por qué eres tan bueno conmigo? Nunca nadie ha hecho tanto por mí.&lt;br /&gt;-Te veo mañana temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, Apolo me dio un beso en la mejilla y se despidió mientras arrastraba hacia las escaleras la maleta con el cadáver de Henry.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Josué Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;11/2009&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-3135670415752225541?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/3135670415752225541/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=3135670415752225541&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/3135670415752225541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/3135670415752225541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/11/capitulo-vi-un-angel.html' title='Capítulo VI: ¿Un ángel?'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-8549123767886825678</id><published>2009-11-16T19:20:00.000-08:00</published><updated>2009-12-01T23:25:25.511-08:00</updated><title type='text'>Capítulo V: Un enigma del pasado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me sorprendí de lo rápido que pude ponerme frente a un teléfono para comunicarme con Apolo. En tan sólo minutos ya estaba escuchando su maravillosa voz de tenor y cumpliendo mi sueño de tener una cita con él. De pronto, el asunto policial se había vuelto accesorio. Lo que importaba era vernos, estar juntos, charlar un rato, mirarlo a los ojos deseando secretamente acariciar su cabellera ensortijada.&lt;br /&gt;Acordamos tomarnos un café en el café del parque. Todo bien, bonito. Apolo estaba bonito. Y yo había llegado como mejor pude emperifollarme, ja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Alegres los ojos que te ven, querida Sofía.&lt;br /&gt;-¿Alegres?&lt;br /&gt;-Propiamente. La última vez que te vi eras una niña… ¿cuánto tiempo ha pasado?&lt;br /&gt;-Tres años.&lt;br /&gt;-Perdón, no quise…&lt;br /&gt;-No, no pasa nada, no has metido la pata. Los años no pasan en vano. Yo he crecido, tú te has puesto más guapo. Pero ¿qué más da?&lt;br /&gt;-Nada. Yo lo decía porque las percepciones cambian cuando estás privado de la libertad por algún tiempo. Ahora aprecio más la vida; sus cosas comunes y especiales, como el hecho de tenerte aquí en la misma mesa, compartiendo un café.&lt;br /&gt;-¿Eso fue un coqueteo, Apolo? Porque te salió un poco cursi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apolo se rió. Yo también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpa, Sofía. Yo siempre le doy mil rodeos a un tema antes de abordarlo.&lt;br /&gt;-Dale.&lt;br /&gt;-Está bien. Desde el funeral de tu tía…&lt;br /&gt;-No, eso no. Sigue con tus rodeos. Dale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos después, yo estaba abriendo la puerta de mi depa entorpecida por los besos de Apolo, que me mordía el cuello y arañaba mis hombros sin piedad. Entramos a mi habitación en un momento con sabor a alcohol. Yo le arranqué la camisa, acaricié su pecho peludo y luego me deslicé sobre él como una pantera a su presa, cubriendo su desnudez con mi cuerpo, calentando la atmósfera fría de mi cuarto. Él me desabrochó el jeans. Yo le quité sus pantalones de un tirón. De pronto, éramos piel con piel sobre una misma cama, bajo unas mismas sábanas. Sudábamos, gritábamos, delirábamos. Era una fantasía hecha realidad. Y todo ocurría encima del cadáver de mi ex novio, que descansaba intranquilo y embolsado.&lt;br /&gt;Podía decir que sentía lo que tía ramera. Tener ese momento era como morir en un instante y regresar a la vida con más fuerza al siguiente. El encanto de estar al extremo. No quería morir, quería sobrevivir, sentirme más viva probándome a mí misma que soy capaz de resucitar.&lt;br /&gt;Apolo y yo tuvimos la noche el sexo más brutal que recuerdo. Fueron horas de placer que parecían una pelea de fieras; una confusión de gritos, de transpiración, de sexo y de sangre.&lt;br /&gt;Bebimos nuestra sangre como vampiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fue Mariano, ¿No? –le pregunté luego de encenderme un cigarrillo.&lt;br /&gt;-No. Mariano desapareció tras mi encarcelación.&lt;br /&gt;-Entonces… ¿quién me acusó?&lt;br /&gt;-No te va a gustar oírlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apolo se levantó a tomar una ducha. Yo me quedé un rato en la cama, intrigada. Sin embargo, tan pronto escuché correr el agua, me levanté, abrí la puerta del baño y lo vi ducharse. Cantaba. Era la misma imagen del pasado, cuando lo espiaba en casa de la tía ramera; sólo que esta vez yo estaba adentro y tenía su consentimiento para hacerme notar. Entré a la ducha con Apolo. El agua estaba caliente. Hicimos el amor de nuevo. Entonces, fuimos delicados. Era como limpiarnos de nuestros pecados con ternura; un bautizo. Al menos yo lo vi así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién me acusó, Apolo? Dímelo de una maldita vez.&lt;br /&gt;-¿Realmente quieres saber?&lt;br /&gt;-Claro que sí, zonzo –le dije, bromeando-. ¿O me has buscado sólo para tirar?&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, su sonrisa lentamente se desdibujó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fueron tus padrastros, Sofía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Josué Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;11/2009&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-8549123767886825678?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/8549123767886825678/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=8549123767886825678&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/8549123767886825678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/8549123767886825678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/11/capitulo-v-un-enigma-del-pasado.html' title='Capítulo V: Un enigma del pasado'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-4549664690164410255</id><published>2009-11-08T19:41:00.000-08:00</published><updated>2009-12-01T23:24:04.065-08:00</updated><title type='text'>Capítulo IV: Durmiendo con los muertos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por algún tiempo los residentes del edificio hicieron suya mi piscina. A mí, por supuesto, no me interesó. Realmente nunca pensé en darle otro uso que el de encubrirme. Así que todo bien con eso. Que la casera se eche un chapuzón por las mañanas o que los hijos de la gorda Sepúlveda se bañen ahí y que mojen a todos con sus pistolas de chorro, no me caía para nada mal (ya que no se metían conmigo).&lt;br /&gt;Sin embargo, con el paso de los días el agua de la piscina empezó a ponerse amarilla, luego verde y; por último, marrón. Así que una tarde, con toda frescura, la casera tocó mi puerta: ¿Sofía, cuándo desarmarás tu pileta? Y yo: ya no es mía, se la regalé a los vecinos del edificio para que se dejen de quejar. La casera insistió. Había hablado nuevamente con los señores de los sueños húmedos (o líquidos, como sea…) y en unos días regresarían con la maquinaria necesaria para la construcción de la verdadera piscina. Tenía que hacerse rápido. Después de todo, al verano ya le quedaba poco más de un mes y la casera tenía una promesa qué cumplir con sus inquilinos. Dale, le dije, ya está. Ya la recojo. Cerré la puerta molesta.&lt;br /&gt;Pasó un momento y de pronto ya tenía en frente al señor Viñas queriendo hacerme el favor de desarmar la piscina a cambio de un beso. Yo acepté. Hacía lo imposible por no salir de mi depa. Así que sin mucha dificultad toleré eso de dejar que el viejo pegue sus labios con los míos. De hecho, me llegó a parecer tierno; aún cuando él deslizó sus manos por mi cadera y me apretó los muslos. Eso me dejó pensando. Quizá si podía a aguantar ese tipo de tratos podía servir como una estrella porno y así hacer algo interesante por mi vida como protagonizar películas tan extrañas como la de las alienígenas moradas.&lt;br /&gt;Un momento después, regresé a mi cuarto y desde mi ventana vi al señor Viñas esmerándose en desarmar la piscina frente a la atónita mirada de la casera. Seguro ella sentía algo de vergüenza, ya que el viejo no podía evitar mojarse con el agua infectada con la mugre de la señora, el sudor escaldado de los hijos de la gorda Sepúlveda y otras excrecencias. Me eché sobre mi cama con una sonrisa en el rostro. Justo debajo tenía al cuerpo de Henry en proceso de descomposición. Aún no sabía qué hacer con él. Lo tenía metido en las bolsas de basura con las que lo saqué de su tumba y sellado herméticamente en un forro de aluminio que agregué luego para que no emane malos olores. También le había atado un ambientador de pino a la altura del cuello, para que los perfumes me recuerden que el cuerpo estaba ahí, esperando a que me deshaga de él.&lt;br /&gt;En fin, tras la piscinada y la llegada de los hombres de los sueños húmedos, mis días pasaron como una hoja de almendro arrastrada por el viento. Vivía una calma infinita. Nadie me molestaba. Podía decir que no me desesperaba la llegada del otoño. Por otro lado, todas las noches me encontraba con Marcela en el lavado y le daba una ración de pasta de dientes hasta que un día decidí cogerla y ponerla en una pecera donde podía observarla todo el día y alimentarla con una crema chantillí que compré especialmente para ella.&lt;br /&gt;Parecía que la vida me sonreía. Y cuando eso pasa, me pongo artística. Decidí retomar el violoncelo y tocar algunas clásicas de Shostakovich. También empecé a practicar con los bocetos de carbón, porque en poco tiempo empezaría un nuevo semestre en la Facu. Me acordé de Apolo. De él hice mi primer retrato. Lo dibujé tal como me gustaba recordarlo (no tenía ni una foto suya): tomando una ducha, con el miembro erecto.&lt;br /&gt;¿Será verdad que cuando piensas mucho en alguien, de algún modo el cosmos te acerca hacia esa persona? ¿Cuánto de cierto hay en eso de encontrarse por casualidad con alguien con el que siempre sueñas? Para mí, nada. Las casualidades hacen las cosas “especiales” y yo no creo que las personas estemos llamadas a ser especiales. Tengo una máxima:&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;                              No existen las casualidades.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que todo lo que ocurre está conciente o inconscientemente premeditado por el ser humano, por un equilibrio en el cual todos realizamos las mismas acciones en ciclos más o menos largos que nos dan la ilusoria idea de progreso. Sin embargo, ese mismo equilibrio nos quita libertad y transforma cada acto nuestro en algo tan vacío y predecible como la vida de los organismos unicelulares que componen a una persona. Lo único que podemos hacer para romper con ese equilibrio y trascender es crear un caos, una disfunción. Y así, como las células humanas rompen su monotonía, se degeneran y crean un cáncer; los humanos, a su vez, podríamos hallar en el caos una forma de llegar a ser más.&lt;br /&gt;Me ocurrió esto: Llegó el momento de matricularme en el siguiente semestre de la universidad y fui a pagarlo al banco. Me llevé la gran sorpresa. Mis cuentas estaban congeladas. Inmediatamente pensé que aquello tenía que ver con la muerte de Henry o de la tía ramera. Yo dormía con los muertos. ¿Una investigación policial? Sí, señorita, le debe haber llegado una citación. Qué interesante, pensé, debe estar perdida en el buzón del edificio con otros tantos papeles que nunca veo.&lt;br /&gt;Me apuré a buscar la citación. Sin dinero no podía hacer nada. Así, abrí el buzón e inmediatamente cayeron al piso cientos de sobres con publicidad, recibos, notificaciones de la universidad y otras miles de cosas. Entre ellas encontré el dichoso documento, pero éste no me llamó tanto la atención como una carta envuelta en un sobre azul, la cual, con una letra muy casual, decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Querida, Sofía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá no me recuerdes. Yo era amigo de tu tía, que en paz descanse. Te conocí en su funeral, precisamente porque fuiste la única persona que asistió. Al principio dudé en hacer contacto contigo porque quería evitarte problemas. Sin embargo, dadas las circunstancias, no me quedó otra alternativa. Verás: luego del entierro estuve en la cárcel acusado de asesinato hasta que mi caso fue resuelto por un fiscal que te ha señalado como la presunta autora de un crimen contra tu tía. Según se planteó, tú la habrías asesinado para quedarte con su fortuna. &lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tengo muchas cosas que contarte al respecto. Te agradecería mucho que me llamaras al número que se encuentra al pie de la página antes de que te encuentre la policía. Trataré de mantenerme en ésta, tu ciudad, hasta que podamos conversar ampliamente del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuyo,&lt;br /&gt;                                                                                      Apolo.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Josué Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;11/2009 &lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-4549664690164410255?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/4549664690164410255/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=4549664690164410255&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/4549664690164410255'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/4549664690164410255'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/11/capitulo-iv-durmiendo-con-los-muertos.html' title='Capítulo IV: Durmiendo con los muertos'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-4941815244545644549</id><published>2009-11-01T17:13:00.000-08:00</published><updated>2009-12-01T23:17:41.110-08:00</updated><title type='text'>Capítulo III: Una cucaracha en el lavamanos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y como si la primavera no fuera suficiente, llegó el verano y con él los calores, la ociosidad, las moscas y la molicie. Por la radio, la última canción de Paco Torino se repetía entre tanda y tanda pisoteando todo vestigio de buen gusto. Por las calles se olía a sequedad, árboles frondosos de limón y sudoración de gente con poca ropa. Felizmente, para esas alturas ya había instalado un potente equipo de aire acondicionado en mi depa; justo en la ventana de donde se tropezó (lanzó) Henry. Y eso fue mi salvación, porque mientras la casera sacaba su perezosa al jardín y se abanicaba desesperadamente semidesnuda, mientras los vecinos cogían su auto y manejaban kilómetros a la playa a buscar el mar y mientras las aparatosas de la universidad atoraban las tiendas de ropa en busca del bikini más pequeño; yo prendía mi cúler al máximo, cerraba las cortinas de toda mi pieza y me abrigaba con un pulóver y un pesado saco de poliéster. Había creado mi propio invierno. Me encantaba. Me sentía más poderosa que la naturaleza.&lt;br /&gt;Vivía en un estado cavernario. No salía de casa para nada. Vivía en un estado larvario. Esperaba con ansias desde mi capullo la llegada del otoño y sus colores de polilla. Vivía como un insecto. Y hasta llegué a congeniar con uno.&lt;br /&gt;Hubo una noche en la que estuve viendo una extraña película porno que me causó mucha gracia. Eran las aventuras de un grupo de astronautas que se había quedado varado en un planeta donde habitaban unas lascivas alienígenas color violeta que los querían hacer prisioneros sexuales consumando las escenas de sexo más bizarras que haya visto en mi vida.&lt;br /&gt;Medio pensativa, fui a cepillarme los dientes preguntándome si es que esa noche habría de tener un sueño erótico o una pesadilla. Encendí la luz y en el lavamanos encontré a un cucarachón de una sola antena que se movía con curiosidad. Sentí tanto asco que preferí ir a dormir sin cepillarme los dientes. Y todo quedó ahí, aunque al levantarme no pude evitar relacionar la antena del insecto con las que tenían las alienígenas de la película y me reí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida transcurrió luego de lo más normal. Sin embargo, enclaustrada en mi invierno personal, había olvidado algo importante; que el resto de mortales en la ciudad vivía en verano. Una horrible mañana la casera tocó la puerta de mi casa con una lista de nombres y firmas. Estaba consultando a todos los vecinos para construir una piscina en el patio del edificio. Y yo, como la mujer más imbécil del mundo acepté. Dije: “Mientras no me afecte, estaré feliz”. Lo hice sin pensar (porque a veces no pienso sino actúo). Sofía, para hacer una piscina se necesita excavar en el jardín. ¡Fak! ¿Cómo no te acordaste del cuerpo de Henry? ¿Realmente era tan olvidable el sujeto ése?&lt;br /&gt;Me pasé todo el día pensando qué iba a hacer para sabotear la piscina. Planeaba seducir a un ingeniero para que declare el suelo no apto para la excavación. Planeaba dejar abierto todo el día el caño del lavador del salón del edificio para que la casera vea que la cuenta de agua iba subiendo exageradamente. Planeaba, por último, remover el cuerpo de Henry cuanto antes. Pero como todas las ideas me obligaban a salir de mi depa y a me exponerme al sol asesino del verano, no me animaba a hacer nada. Así se hizo de noche. Sentí sueño. Fui al baño a lavarme la cara. Y ahí estaba. Otra vez la cucaracha de una antena en el lavamanos. La miré. Ella pareció reconocerme. No se ocultó, no se coló entre la rejilla del desagüe. Yo tampoco me fui, no apagué la luz con rabia y tiré la puerta. Nos quedamos contemplándonos un momento.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente la casera deambulaba por todo el patio del edificio con dos tipos bigotones que tomaban medidas en el terreno. Desde mi ventana en lo alto yo los miraba con desprecio e impotencia. Pisaban y repisaban la tumba de Henry con tanta inocencia que provocaba pegarles. Entonces por fin me animé a salir. Bajé las escaleras despacio para que nadie me notara. Tenía que desenterrar a Henry a toda costa. Y aunque aún no sabía ni cómo ni cuando, había improvisado un plan para ganar tiempo: Me dirigí al estacionamiento. Busqué el auto de los dos hombres. No fue difícil encontrarlo. No muchos automóviles dicen ridículamente: “Piscinas Paz, sueños líquidos”.&lt;br /&gt;Abrí la puerta del vehículo sin hacer sonar la alarma, tal como lo hacía en mi infancia rebelde al cuidado descuidado de la tía ramera. Entré, robé el estéreo y, de salida, cuando ya estaba a salvo, estrellé una piedra contra el parabrisas del auto para llamar la atención de sus dueños. Todo salió bien. Los hombres del bigote dejaron de hacer sus mediciones, atendieron el robo, llamaron a la policía e inmediatamente abandonaron el edificio a dar parte. La casera estaba molesta y confundida. Nunca habían robado en este edificio. Pobre.&lt;br /&gt;Tenía un día más para pensar cómo sacar el cuerpo de Henry sin que nadie se enterase. Así que me fui a dar un baño con agua caliente para relajarme. ¿Agua caliente en verano, Sofía? Sí. En mi depa me moría de frío, ja. Podía apagar el aire acondicionado, pero ¿para qué? Amo que mi baño se haga todo un vaho con la mezcla del agua caliente y la atmósfera helada. Además, adoro posar mi cuerpo acalorado sobre el frío cuero del sillón de la tele y así (y por única vez en el día) poder ver desnuda la televisión por unas cuantas horas hasta que mi temperatura baje y tenga que vestirme nuevamente con mi traje de esquimal.&lt;br /&gt;En fin, salí de la ducha y otra vez me encontré cara a cara con la cucaracha de una antena. Esa vez no me dio asco, ni curiosidad. Me hizo gracia. Se estaba comiendo los restos de la pasta de dientes que había dejado pegada en el lavamanos. La miré un rato y no pude evitar sentirme relacionada con ella; ambos seres cavernarios, sin objetivos de vida; sobrevivientes… Apagué la luz y me fui a la tele a ver si encontraba otra película porno que me entretuviese tanto como la de las marcianas. Pero la verdad sólo encontré pendejadas y un especial sobre el último videoclip de Paco Torino que me cagó la noche y me envió a la cama más temprano de lo esperado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Maldición, Sofía, Piensa en Henry! Nunca pudiste deshacerte de él cuando estaba vivo y ahora que está muerto es peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenía ideas. Los de la piscina de los sueños líquidos regresarían cualquiera de aquellos días y entonces no podría hacer nada. Y eso no era una opción, porque si encontraban el cadáver de Henry la casera lo reconocería rápidamente, gracias a aquel incidente de la serenata. Mierda. Pasé todo el día tomando cafés, fumando cajas y cajas de cigarrillos y asomándome de vez en cuando a la ventana que daba al patio temiendo que los hombres del bigote hayan regresado con sus medidas o, peor aún, con sus palas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El verano andaba a medias. Algunos vecinos se quejaban porque con su renta les habían prometido la piscina antes de que acabase la temporada y la obra se estaba demorando más de la cuenta. Tenía que actuar rápido. Y se me ocurrió la gran idea. Iba a parecer algo de niños pero qué más daba. Compré una carpa grande e hice un campamento en el patio del edificio yo misma. Por supuesto que hubo gente estorbosa. No faltó la casera, que me llamó la atención porque de noche se regaba el jardín; ni el viejo verde del señor Viñas, que propuso acompañarme para que no duerma “solita”. Pero si en algo soy experta es en mandar a la mierda a la gente y hacer lo que se me da la gana. Así que con toda frescura, sin ningún permiso armé la carpa más o menos donde recordaba que había enterrado a Henry, corté el piso de la tienda y empecé a cavar a través del hueco. Entonces desenterré el cadáver y lo envolví con algunas bolsas de basura y cinta adhesiva porque ya estaba medio putrefacto. En la madrugada deshice la carpa y con ella escondí el bulto para subirlo con discreción a mi depa.&lt;br /&gt;Después, para camuflar mis acciones (entre ellas la tierra removida), coroné mi hazaña con el toque final: sobre el lugar donde estaba la carpa instalé una piscina plegable y la llené. Amaneció. Me puse mi bikini y entré a nadar un rato. Cuando la casera despertó, conchúdamente le dije: “Estaba harta de esperar la piscina, señora”. Estás loca, niña. ¡Lo máximo!&lt;br /&gt;Me mojé y remojé durante horas. Quería asegurarme de que todos me vieran en el agua, incluso los hijos de la gorda Sepúlveda, que me tomaron fotos con su celular, pensando que no me iba a dar cuenta. Luego regresé a mi depa a ducharme, festejándome a mí misma. En casa, a penas se podía caminar con los restos del campamento desparramados, la tierra de la palana y el cuerpo de Henry, el cual había arrastrado temporalmente hasta mi cuarto. Pero nada de esto me molestaba. Todo se disimulaba entre mi desorden habitual.&lt;br /&gt;En el baño volví a encontrar a la cucaracha de una sola antena y sentí que le había cogido cariño. Entonces, tomé la pasta de dientes y eché una gotita al lavador. El insecto se acercó y se dispuso a comer. Me pareció algo maravilloso. Era como mío. Joder, nunca tuve una mascota.&lt;br /&gt;Le puse de nombre Marcela.&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Josué Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;11/2009&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-4941815244545644549?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/4941815244545644549/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=4941815244545644549&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/4941815244545644549'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/4941815244545644549'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/11/capitulo-iii-una-cucaracha-en-el.html' title='Capítulo III: Una cucaracha en el lavamanos'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-7904882238260759135</id><published>2009-10-25T18:47:00.000-07:00</published><updated>2009-12-01T23:14:26.942-08:00</updated><title type='text'>Capítulo II: El aparatoso Henry Gaulle</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Henry y yo fuimos novios durante una primavera.&lt;br /&gt;La primavera nunca fue mi estación favorita, pero la de Henry sí. Él era un gran cliché. Siempre que podía, me regalaba rosas o chocolates o me llevaba a caminar por los parques con su sonrisa boba. Y a veces, cuando encontraba un buen momento, recitaba un poema de Rimbaud y luego me besaba. Era un simple rose de labios, un gesto tierno, para qué negarlo; pero más que cariño yo sentía la colisión de dos universos perfectamente opuestos.&lt;br /&gt;De alguna forma me gustaba la vida que llevaba con él. Conversar con Henry era como reafirmar lo que no soy. No soy una chica tranquila, no soy una chica normal, no me gusta la rutina y no busco agradar a nadie. Curioso. Entonces ¿Por qué andaba con Henry? Porque amaba lo que a él le incomodaba y me divertía mucho viendo cómo hacía lo imposible por complacerme. Sofía, esto de usar pantalón de cuero no me va bien. Sofía, escuché el CD que me regalaste pero creo que estaba rallado porque sólo se oía gritos. Sofía... ¿por qué se te antoja fumar en la iglesia?&lt;br /&gt;Pero Henry y yo teníamos algo en común. Coincidíamos en que no encajábamos en la sociedad. Él era demasiado blando; y yo, demasiado dura. “El mundo es demasiado aparatoso para nosotros dos”, me dijo un día mientras tallaba nuestras iniciales en un pino del parque principal. Recuerdo que aquella vez tuvimos una discusión. Él quería cerrar su marca con un ridículo corazón, pero se lo impedí. Le quité su cuchillito y tracé sobre las letras el símbolo de un conjunto vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5410533119813381394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 195px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SxYTNMv2bRI/AAAAAAAABLk/OlvyNClE9d0/s320/conjunto+vacio+sofia+magdalena+josue+aguirre+alvarado+el+verduguillo.GIF" border="0" /&gt; &lt;p align="justify"&gt;–Siempre eres tan negativa ¿verdad? ¿Cuándo vas a apreciar las cosas simples de la vida?&lt;br /&gt;–¿Y tú, cuándo vas a dejar de ser tan simplón?&lt;br /&gt;–¡Aparatosa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día me quedé con el cuchillito de Henry. ¿De dónde habría salido? ¿Qué hacía alguien como Henry con algo así? Me inquietaba. Me ilusionaba. Aquel objeto era como una minúscula luz que me hacía creer que dentro de Henry había algo que nos podía hacer remotamente compatibles. Y eso me hizo tenerle un poco más de fe a sus promesas de una vida compartida, a sus sueños inocentes de llegar conmigo al altar. Hasta el día de hoy conservo aquel cuchillito. Me hice un llavero con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Henry, fiel a su estilo, luego de la discusión me llevó serenata. El plan era disculparse. Por la noche se plantó en el jardín de mi depa, es decir unos seis pisos abajo, y con una guitarra eléctrica (¡Dios!, ¡Qué cosas hacía por mí!) tocó una de Nirvana. Fue un espectáculo tan agridulce que no pude aguantar y acabé cerrando mi ventana y refugiándome entre las sábanas de mi cama. Y no supe nada hasta la mañana siguiente. Yo salía para la universidad cuando en el jardín encontré el amplificador de Henry húmedo y quemado. Ahí se me acercó la casera y me preguntó si conocía al escandaloso de anoche. ¡Un ruido de mierda! Tuve que prender los aspersores para que se vaya.&lt;br /&gt;Ese día decidí faltar (por enésima vez) a mis clases de Composición 1. Quería colarme en el curso de Henry a modo de capitulación. Me senté en los últimos asientos para que no me viera de primera intención. Lo esperé. Él llegó tarde y disgustado. Dictó de mala gana una clase de literatura inglesa que no comprendí pero que me ilusionó, porque era la primera vez que veía a Henry de mal humor. Era duro. ¿Podría finalmente ser el hombre para mí? Pues no. A penas descubrió que yo estaba en el mismo salón con él, se ablandó, se puso nervioso, se le cortaron las palabras, empezó a tartamudear. Algunos estudiantes se reían de él. Entonces, con pena y vergüenza ajena, a la vez, me paré y fui por un café frío a la cafetería. Henry Gaulle... qué horror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien. La primavera siguió, Henry y yo seguimos, nuestras discusiones siguieron y las cursilerías siguieron. Pero me divertía y me divertí hasta el final, cuando literalmente enterré nuestra relación. Recuerdo que todo acabó una noche en la que soñaba con Apolo. Qué lindo sueño fue. Me mojo sólo de pesar en ello, je.&lt;br /&gt;Entonces sonó el timbre.&lt;br /&gt;Me levanté despeinada y en ropa interior. Así abrí la puerta. Era Henry, las doce rosas dominicales y una tarta de fresa. Qué fresa. Henry se paralizó cuando me vio. Pobre. Nunca me había visto tan poco vestida. Así que sólo atinó a hacer el comentario más desafortunado que haya hecho en su patética vida: “¿Así recibes a todos?”. Henry había cometido el primero de tres errores que acabarían con su penosa existencia. ¿Qué insinúas, idiota? No me jodas con esos comentarios. Yo hago lo que quiero. Si vas a portarte como mi papá, mejor terminemos esta relación ahora mismo.&lt;br /&gt;Afuera llovía. A decir verdad, era toda una tormenta; el escenario perfecto para que Henry cometiera su segundo gran error. Motivado por el tempestuoso clima y como si protagonizara una mala tragicomedia shakespeariana, pronunció un apasionado discurso en el que se hacía la víctima por todas las veces que lo había maltratado. Sobreactuaba, exageraba... una mierda. ¿Tanto tiempo juntos y no llegaba a entender que mi amenaza era una de mis típicas reacciones?&lt;br /&gt;Ya está, Henry, cálmate, carajo.&lt;br /&gt;Entonces, Henry consumó el tercer y definitivo gran error que coronó su triste actuación. Se colgó como mono de la ventana de mi depa y amenazó con saltar al vacío si yo no cambiaba mi forma de ser. Henry, no hagas pendejadas. Baja. Pero Henry no se dio por enterado y en un amague estúpido resbaló y cayó. Nunca supe si gritó algo. No lo escuché, tal era la bulla de la tormenta que su aparatosa (sí, aparatosa como yo) muerte pasó desapercibida.&lt;br /&gt;Bajé corriendo los seis pisos que separaban al jardín de la ventana de mi depa. El cuerpo inerte de Henry estaba estampado en la tierra húmeda y nadie se había dado cuenta de lo sucedido. ¿Lo maté? ¿Se mató? ¡Mierda! Ya no podía hacer nada. No podía sacar de ahí el cadáver de mi recientemente ex novio sin que alguien me inculpara. Así que decidí tomar una pala y enterrar el cuerpo de Henry protegida por las espesas cortinas de agua que caían desde el cielo.&lt;br /&gt;Tan pronto terminé, acomodé el césped para que nadie notase que en ese lugar había depositado a un cadáver. Entonces, contemplé la tumba improvisada de Henry Gaulle. No pude evitar quejarme. ¡Y nunca me tiraste, desgraciado!&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;em&gt;Josue Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;10/2009&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-7904882238260759135?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/7904882238260759135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=7904882238260759135&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/7904882238260759135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/7904882238260759135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/10/capitulo-ii-el-aparatoso-henry-gaulle.html' title='Capítulo II: El aparatoso Henry Gaulle'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SxYTNMv2bRI/AAAAAAAABLk/OlvyNClE9d0/s72-c/conjunto+vacio+sofia+magdalena+josue+aguirre+alvarado+el+verduguillo.GIF' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-8651500981631702060</id><published>2009-10-19T19:51:00.000-07:00</published><updated>2009-10-19T19:52:20.162-07:00</updated><title type='text'>Bienvenidos</title><content type='html'>&lt;object width="400" height="300" &gt;&lt;param name="allowfullscreen" value="true" /&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always" /&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.facebook.com/v/158334719575" /&gt;&lt;embed src="http://www.facebook.com/v/158334719575" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="400" height="300"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-8651500981631702060?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/8651500981631702060/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=8651500981631702060&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/8651500981631702060'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/8651500981631702060'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/10/bienvenidos.html' title='Bienvenidos'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-743902603750201139.post-8123940093683339991</id><published>2009-10-18T18:33:00.000-07:00</published><updated>2009-12-01T23:15:20.361-08:00</updated><title type='text'>Capítulo I: Únicos en el mundo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y yo estaba ahí, sentada, escuchándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–...BMW, Audi, Mercedes, Mazzeratti... ¿Ves todos esos autos? ¿Qué te dicen?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pregunta retórica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–...Que ellos son distintos a nosotros, Sofía. No entienden de sutilezas. Todo su mundo tiene que ser aparatoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repitió aparatoso de una forma solemne. A mí me sonó cursi, aunque luego descubriría que aparatoso era su palabra favorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Esa es su forma de llamar la atención, eso los hace cul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cul. ¡El culo! –continuó– Seguro crees que siento envidia por ellos, porque ellos conducen convertibles y yo me muevo en bus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me pasó por la mente. No se lo dije. ¿Para qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, no, no... más bien me dan pena. Su mundo es tan material; sus opciones de encajar en la sociedad son proporcionales al año de sus automóviles, al número de cifras que poseen sus cuentas bancarias, a las millas aéreas acumuladas en sus viajes al rededor del mundo. Pero no saben nada del calor de la amistad...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ya está! –le dije– ¿A dónde quieres llegar con esa filosofía de libro de auto superación? Si me quieres tirar dilo y ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cachetada. Bien hecho. Bien dada. Sus mejillas se pusieron coloradas como si mi mano se hubiese quedado estampada en ellas. Me imaginé un alfiler. Un alfiler pinchando esos dos globos rojos que se llenaban de sangre bajo sus ojos. ¡Ja!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el bochorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No actúes –dijo él–. No eres como ellos. Tú y yo somos distintos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó, tomó su portafolio y se despidió de modo amable. Yo me quedé en la banca sola. Era lo que quería. Sola. Un cigarro. Mi música a todo volumen. Luego un capuchino en el café de la universidad. Un libro de ciencia ficción. Sola. Solita. El mundo me sobra. Soy el viento. Yeah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acostumbré a no depender de nadie. Nunca tuve padres (bueno, en realidad sí –ya hubiera querido yo ser un producto de la inmaculada concepción–, pero me gusta comentar que nací de la nada; eso sería más coherente con mi modo de ser). Me adoptaron cuando apenas tenía uso de razón. A los trece, mis padrastros se aburrieron de mí y, como si fuese una mascota, me dejaron en manos de la tía ramera y se fueron a vivir al África.&lt;br /&gt;La tía ramera. Así le decía yo, aunque mi tiastra no era propiamente ramera. Las rameras cobran. La tía ramera, en cambio, se acostaba con todo el que le sonreía bonito. No le interesaba tener veinte, treinta, cuarenta. Al final la tía ramera siempre hacía suyos a todos los sujetos con los que se cruzaba. A pesar de sus años ella era terriblemente atractiva y, cuando le fallaba su encanto, pagaba, porque, eso sí, también venía forrada en plata.&lt;br /&gt;No quiero decir que esos años rameros hayan sido malos. Nada que ver. Si estoy contando con detenimiento la historia de mi tiastra a pesar de la de mis padres adoptivos es porque los pocos días felices de mi vida los pasé cuando vivía con la tía ramera.&lt;br /&gt;La tía ramera cumplía todos mis caprichos, me daba dinero para comprar ropa todas las veces que quisiera, me dejaba salir hasta tarde sin hacer preguntas, me dejaba fumar en casa y hasta pagaba mis clases de violoncelo. Genial, ¿no? Pero lo que más me gustaba de todo era que ella hizo exactamente lo que todos los adolescentes quieren de sus padres: que se desentiendan y los dejen hacer lo que se les dé la gana.&lt;br /&gt;Y eso era perfecto, porque así como a mis quince intenté combinar el violoncello con la música de Kurt Cobain; mientras más a ella le dejaba de interesar, más me interesaba ella. Empecé a investigar sobre sus novios. Pude diferenciar hasta a tres.&lt;br /&gt;Javier era un tímido ingeniero que visitaba la ciudad donde vivíamos cada dos meses por asuntos de trabajo. Supongo que tenía familia. Juraría haberlo escuchado gritar a través de las paredes de mi habitación que la tía ramera se lo hacía mejor que su esposa. Recuerdo que al oír esto, solté una carcajada tan grande que los congelé. Acto fallido. No hubo polvo aquella tarde.&lt;br /&gt;Apolo era mi favorito. No sé a qué se dedicaba. Pero según yo debía ser cantante. Lo recuerdo por su grueso “Volaré oh oh, cantaré oh oh oh” que entonaba en la ducha luego de acabar con la tía ramera. Y cuando digo acabar, lo digo en serio, porque luego de que ella se acostaba con él, no se levantaba en todo el día. Apolo era todo un hombre. Treinta y cinco años. Tenía el cuerpo de dios griego y una cabellera ensortijada que me volvía loca. Tenía fantasías con él jabonándose en la regadera; fantasías que perduran hasta hoy, cuando recuerdo todas las veces que lo espié en el baño por el ojo de la cerradura.&lt;br /&gt;Mariano era un pedante. Era abogado penal. Cuando venía, sólo hablaba de sus hazañas jurídicas defendiendo narcotraficantes y políticos corruptos. No quiero decir nada del dinero que ganaba. Tampoco quiero decir nada de su estilo de vida, porque cuando uno es feliz con la mierda que hace, hay que dejarlo ahí, como a los cerdos que se revuelcan en el lodo. Pero lo que me molestaba de él es la vanidad con la que narraba sus acciones: grandes epopeyas, valientes luchas de poder y de supremacía; estupideces, al fin y al cabo. Hiciera lo que hiciera él o cualquier persona no alteraría el equilibrio del género humano. Siempre vamos a ser una raza vana, una vida que alguna vez se extinguirá y que el universo no extrañará. ¿Sabrá Dios, si existe, que existimos?&lt;br /&gt;La tía ramera murió en la gloria. Tenía cuarenta y cuatro años cuando un orgasmo fatal le cerró los ojos y le imprimió una sonrisa eterna. Apolo me llamó asustado aquella noche. Parecía un niño. Sofía, maté a tu tía. Luego me explicó lo sucedido. Yo no sabía si reír o preocuparme por él (no sentía pena por la tía ramera; si murió por Apolo lo consideraba lo máximo, la forma más hermosa de morir). Pero debía preocuparme. Luego del entierro al que sólo asistimos Apolo y yo, Mariano se encargó de enjuiciar al verdugo de la tía ramera y de encerrarlo por algunos años.&lt;br /&gt;Como yo ya era mayor de edad y tía ramera me dejó como única heredera, de inmediato me mudé de ciudad. Dije, ándate lejos Sofía, estudia algo para entretenerte, piérdete; no vaya a ser que Mariano quiera ponerte las garras encima. Corre. Y así lo hice. No volví a saber de mi familiastra, de Mariano, de Apolo y menos del tímido Javier. ¿Dónde estará? Abajo de una roca. Lo imagino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía a Grand Funk Railroad con To Get Back In en el oído a todo volumen mientras acababa mi café frío (¿mencioné que siempre lo pido frío?) en una de las sillas de madera de la cafetería de la universidad. Veía a todas las chicas de mi edad, rosadas, oxigenadas, conversando sobre el nuevo modelo de celular, la nueva colección de ropa, la nueva dieta, el nuevo hit de Paco Torino... Pensé en mí, en la chica que sale de su depa con el mismo jeans ahuecado de ayer; que tiene que oler sus camisetas para saber cuál está limpia.... y llegué a la cursi conclusión (yo le puse el adjetivo) de que efectivamente soy distinta a las demás, como dijo aquel chico amable que lee la prensa al otro lado del salón mientras acababa su desayúnica ensalada.&lt;br /&gt;Me acerqué a él, le di un beso en la mejilla que lo desconcertó y me senté a su lado sin esperar la invitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola, me llamo Sofía Magdalena. Estudio artes plásticas –le dije.&lt;br /&gt;–Hola... otra vez. Me llamo Henry Gaulle. Soy profesor de literatura –me respondió él. Sus ojos brillaban.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Josué Aguirre Alvarado&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;10/2009&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/743902603750201139-8123940093683339991?l=novelasofia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelasofia.blogspot.com/feeds/8123940093683339991/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=743902603750201139&amp;postID=8123940093683339991&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/8123940093683339991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/743902603750201139/posts/default/8123940093683339991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelasofia.blogspot.com/2009/10/capitulo-i-unicos-en-el-mundo.html' title='Capítulo I: Únicos en el mundo'/><author><name>Josué Aguirre Alvarado</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01792911710220531885</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_g2uUJnmIFPE/SLnys7CC-RI/AAAAAAAAArs/Mr2g3_BK_X8/S220/S4032959.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
